jueves, 29 de enero de 2009

De alzas y bajas

Durante 2008 nos vimos sorprendidos por la serie de alzas en distintos insumos. El aumento del precio del trigo llevó a aumentos en el precio del pan, los de la leche, a aumentos en el precio de la mantequilla y quesos. Algo similar sucedió con los pasajes de buses interurbanos, los que ajustaron los precios por las alzas del petróleo y en otros insumos (repuestos, neumáticos, etc). El ajuste fue automático, simultáneo, justificado y, sobre todo, aceptado por la mayoría de los consumidores.

A la fecha, el petróleo ha bajado, lo mismo se ha observado en el trigo y en varias materias primas, pero ¿por qué el pan, los pasajes de buses, colectivos, leche, quesos, etc. no han bajado de precio?

La respuesta es simple, porque una vez que los consumidores han aceptado estas alzas y las han incorporado en su presupuesto han ajustado el consumo a estos nuevos precios; ¿cómo?, la intuición es directa: dejando de consumir otros bienes!!! (como siempre, los recursos son limitados!). Lo anterior se puede resumir en la siguiente frase: estos bienes presentan una elasticidad precio menor a 1.0 (inelástica), o sea, los consumidores no reaccionan (son insensibles) a estas alzas. Las empresas saben muy bien ésto y por lo tanto no bajan los precios, pues ya están incorporadas dentro del presupuesto individual. Sumemos a ello la desorganización de los consumidores (parafraseando a la CPC y SOFOFA, no existe ninguna Confederación de Consumidores de Productos o Sociedad de Fomento al Consumo, ni nada por el estilo), a diferencia de lo que si ocurre con los productores, quienes están agrupados y muy bien organizados. Así, esta dispersión de los consumidores impide que puedan exigir un comportamiento más ético de las empresas. Por ello, a menos que la autoridad no intervenga (caso taxis, telefonía móvil, electricidad y, en general las utilities) las empresas de buses y las panaderías no bajarán los precios.

Por ello, se aplaude la medida adoptada por la FNE de investigar el comportamiento de la cadena trigo-harina-pan. Interesante sería extender esto mismo hacia los buses interurbanos. Hasta el momento, la baja de precio de las materias primas y de los insumos, se traduce - simplemente - en mayores ganancias para los empresarios y en grandes pérdidas de bienestar para los consumidores (los miles de "Moyas" de siempre).

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