Nuestro país ha gozado de los beneficios de tener una inflación baja y estable. Desde 1990 cuando la autoridad monetaria decidió adoptar como regla de política la meta de inflación – al igual que otros 14 países en el mundo – el tránsito hacia una inflación baja y estable fue transparente. La inflación ya era parte del pasado, cuando asomó el inesperadamente alto 7.8% de 2007. A pesar de que las expectativas de los agentes estaban ancladas y de que la negociación con los funcionarios públicos enviaba una señal inequívoca de que la inflación sería del orden de 6.5%, nadie pensó que sería tan alta. Tampoco estaba en los planes de la autoridad.
En este escenario de alta inflación, la depreciación sostenida del dólar le ha dado un respiro a la autoridad, pero asoma como un factor de riesgo sobre nuestro sector exportador. Voces de ayuda surgen de éste y varios otros sectores los han apoyado. Asimismo, nadie discute su importancia para la economía, pues existe consenso en que fueron una pieza clave en la consolidación de la senda de crecimiento que permitió cambiarle la cara a nuestro país. Sin embargo, antes de tomar alguna decisión, hay que mirar las cosas con calma, sin apresurarse. La experiencia nos ha enseñado que quien espera no desespera.
Al menos cuatro aspectos que son necesarios tener presente antes de emprender algún curso de acción: a) No hay que perder de vista que nuestros exportadores también son importadores de muchas materias primas - valoradas en dólares - luego, el efecto neto ha sido o nulo o levemente negativo, pero está lejos de ser alarmante; b) Varios de los bienes que este sector exporta han aumentado considerablemente su precio en los mercados mundiales, que ha más que compensado la pérdida de valor del dólar. Casos como la celulosa, molibdeno, leche, entre otros, son algunos ejemplos; c) La creciente depreciación del dólar es un fenómeno mundial y resultado de factores exógenos (acentuado déficit comercial americano, crisis de las hipotecas y consecuentes peligros de una recesión), sobre los cuales la autoridad monetaria local tiene poco o nada que hacer. No es el resultado de una mala política del Central o de un excesivo gasto público - como han señalado algunos - y, d) No hay que olvidar y menos, perder de vista que somos un país chico, inserto en un barrio pobre e inestable que ha sido cuna de grandes y profundos periodos inflacionarios a través de la historia.
Entonces, con estos antecedentes en mano, la pregunta que surge es si es posible que la autoridad monetaria establezca de manera conjunta un objetivo inflacionario y cambiario. Es decir, que enfoque sus instrumentos de política para mantener un dólar alto y una inflación baja de manera simultánea. Ante esta pregunta, solo existe una respuesta posible: o es uno o lo otro, pero ambas en conjunto son claramente incompatibles!!
Muy simple: fortalecer al sector exportador necesariamente supone relajar la meta inflacionaria. Pero si hay algo en que existe consenso en la profesión, es que los periodos inflacionarios son nefastos para las sociedades, pues se trata de un mal que establece un impuesto tremendamente regresivo, ya que recae con mayor fuerza en los más pobres. Esto último es así, porque son precisamente aquellos grupos más vulnerables económicamente quienes destinan una mayor proporción de sus ingresos a alimentación y - prácticamente - no tienen como defenderse de ella. Por lo tanto, el objetivo de la política monetaria no debe ser otro que asegurar una inflación baja y estable que permite a los grupos más deprimidos económicamente gozar de un mayor bienestar y en suma tender a una mayor igualdad en la sociedad.
En este ambiente, tal vez lo más sensato sea esperar. Los fundamentos de la economía están sólidos, por lo que la recomendación anterior tiene bastante sentido. Sin embargo, "esperar" no se debe confundir con "demorar" (o tardanza en el actuar, o sea, BURROcracia) y menos con autocomplacencia (sin comentarios...). Hoy, nuestras cuentas externas están ordenadas, el mercado financiero es lo suficientemente profundo para un país como el nuestro, el resultado del sector público muestra un superávit en sus cuentas fiscales como nunca en la historia. Las deudas de los privados con el resto del mundo han ido cayendo de manera sostendia. En fin, nuestra economía goza de una solidez como nunca antes en la historia lo hizo frente a vientos de crisis externas, por lo que una posible intervención del Central sobre el mercado cambiario no sólo no es necesaria y atemporal, sino que no tiene ninguna justificación más allá de "quedar bien con todos". Aún más, de intervenir el precio del dólar se afectarían las expectativas de los agentes (inconsistencia dinámica), además se introduciría un cierto grado de riesgo moral (moral hazzard) que no sólo es difícil de controlar, sino que puede inducir a que este sector actúe de manera más arriesgada y descuidada. El costo de estas acciones cae siempre en los mismos: los miles de Moyas que ni siquiera invitaron al baile del dólar, o sea, todos los chilenos.
martes, 22 de enero de 2008
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3 comentarios:
Saludos, muy interesante el post, espero que sigas actualizandolo!
Felicitaciones, muy interesante el post, espero que sigas actualizandolo!
Interesante post, estoy de acuerdo contigo aunque no al 100%:)
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