Sin duda que la fuerte depreciación del dólar perjudica a los exportadores nacionales. Ellos pierden competitividad, pues la consecuente apreciación del peso chileno les hace más difícil colocar sus bienes en el exterior. Además, los retornos que ellos reciben son cada vez menores. Pierden también muchos trabajadores ligados al sector exportador que verán como están siendo liberados de éste. En efecto, están siendo liberados y quedan disponibles (enteritos) para ser empleados lo antes posible en otro sector económico local. Pero atención, muchos bienes que Chile exporta han enfrentado un fuerte aumento en su precio que ha más que compensado la depreciación del dólar (celulosa, cobre, molibdeno, etc.).
Sin embargo, dado que los exportadores están agrupados y se conocen entre ellos, pueden ejercer presión y lograr apoyos transversales para conseguir una intervención de la autoridad en el mercado cambiario.
Y… ¿los consumidores? ¿Ganan o pierden? Son los grandes ganadores. Partamos primero reconociendo que es el consumo (y no el trabajo) el que nos reporta satisfacción y felicidad. De modo que un dólar bajo permite poder acceder a más y mejores bienes extranjeros. Pero mejor aún, a precios más bajos. Por ejemplo, ¿cuánto costaba un plasma hace 3 años?, ¿cuánto cuesta ahora? Usted estaría más contento ahora o hace tres años. Lamentablemente no existe ninguna agrupación de consumidores unidos que haga presión para que la autoridad no intervenga el mercado cambiario, pues de hacerlo perjudicaría a muchos Moyas, que con un dólar más alto saldrían del mercado de muchos bienes. ¿Y qué pasa con el empleo? Resulta evidente que en la medida que se fortalece el sector importador puede ir captando aquella mano de obra liberada del sector exportador. Así, se produce la reasignación en el mercado del trabajo y se mantienen casi los mismos niveles de empleo y desocupación.
jueves, 31 de enero de 2008
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