martes, 27 de noviembre de 2007

Nuestro desarrollo en riesgo: la calidad de los profesores

Un desafío que se ha impuesto nuestro país es ser un país desarrollado en la próxima década. El desafío no es menor, ya que supone mejorar no sólo nuestros estándares económicos, sino que también sociales, de acceso a la salud, educacionales, tecnológicos, de innovación, etc. Ser un país desarrollado no implica terminar la pobreza, sino que supone un aumento considerable de las posibilidades de salir de ella. Es decir, que aquel niño o niña que nace en una familia pobre sepa que es posible romper este cículo perverso a cambio de esfuerzo, constancia y dedicación. Pues aquel niño(a) pobre que asiste a un colegio público recibirá una enseñanza de calidad que le permitirá competir de igual manera por un cupo a una universidad que un niño que ha asistido a un colegio particular pagado y que está – supuestamente – bien preparado.

Tomando como referencia los resultados del estudio “Mercados universitarios: el nuevo escenario de la educación superior", realizado por Brunner y Uribe (B&U), quienes toman los mejores 27.500 puntajes obtenidos por los alumnos que rindieron la PSU 2006 y analizan qué carrera eligieron y en qué universidad. De sus resultados destaca la heterogeneidad de la carrera de Educación Básica, pues la gran mayoría de los estudiantes que eligen pedagogía logran puntajes bajo el promedio nacional. Para respaldar lo anterior, B&U señalan que 19 universidades que imparten la carrera tienen un nivel de selectividad igual o inferior a 1%. Es decir, casi 2/3 de los profesores que se forman cada año obtienen en promedio menos de 500 puntos!! Es decir, los futuros profesores, aquellos que estarán a cargo de formar a los niños y niñas que liderarán el camino de nuestro país al tan ansiado desarrollado, son alumnos con notas que se ubican en el rango de 4.0 y 5.0. Muchos de ellos, incluso se ubican bajo el 4.0!!! En efecto, de acuerdo a lo que plantean los autores, las casas de estudios superiores que lideran la formación de profesores son las universidades de las Américas, Ciencias de la Informática y Autónoma del Sur. Lamentablemente, estas tres incluidas dentro de aquellas universidades con menor selectividad, es decir, dentro del grupo que captan a aquellos alumnos(as) con los peores puntajes PSU.

Estimado lector(a), piense lo siguiente por unos segundos: ¿Se realizaría usted una operación a corazón abierto con un médico que apenas logró aprobar sus ramos de formación con un 4.0?....
Entonces, ¿Por qué debería mandar a su hijo(a) a un colegio donde el profesor obtuvo un puntaje cercano a los 450 puntos?

Sin duda nuestro gran punto negro - nuestra falencia - y gran deuda pasa por mejorar la calidad de la educación. Los resultados de todas las pruebas internacionales en que nos hemos medido nos han ubicado en los últimos lugares. Incluso cuando nuestros mejores estudiantes se comparan con los mejores del mundo. La evidencia nos revela que apenas el 1% de nuestros estudiantes de élite se ubica dentro del 10% de los mejores puntajes de las pruebas TIMSS o PISA. La intuición aquí nos dice que el camino sería seguir evaluándonos con los mejores del mundo, analizar dónde fallamos, sacar aprendizajes ("Copiar no es malo"), introducir cambios y mejoras y volver a evaluarnos. Sin embargo, la autoridad ha decido retirarse de estas pruebas internacionales... ¿Existen incentivos para mejorar? ¿Son las señales correctas para nuestros profesores y estudiantes? y, ¿para los apoderados?

Algunas propuestas para el mejoramiento de la calidad de los docentes sugieren evaluaciones permanentes y rigurosas. No basta con grabar un clase... ¿Cómo cree usted que hará su clase el(la) profesor(a) cuando sabe exactamente el día y la hora en que lo evaluarán?, ¿Existen espacios de mejoras bajo este esquema?

Otro camino dice relación con reconocer que la calidad de nuestros profesores es deficiente. En este sentido, la evidencia nos señala que nuestros porfesores no dominan los tópicos fundamentales en matemáticas y ciencias para formar a nuestros alumnos. Los desastrozos resultados en las pruebas internacionales lo confirman. Entonces, ¿por qué con los excedentes del cobre no invertimos en entrenar a nuestros profesores? Por ejemplo, se podría enviar a nuestros mejores docentes a entrenarse a los mejores centros técnicos y aplicados del mundo. Así no sólo ampliarán su mirada, sino que claramente sus competencias. ¿Quién le puede enseñar mejor matemáticas a un niño que un profesor que las domina?, ¿Se motivaran sus estudiantes?, ¿Tendrán incentivos en aprender?, ¿Mejorará la calidad de nuestros alumnos?

No obstante, lejos de entrenar a nuestros docentes, el camino seguido hasta ahora por la autoridad ha ido por el mejoramiento de la inversión en infraestructura, materiales y equipamiento. Si bien condicions necesarias, están lejos de ser suficientes para producir un mejoramiento significativo de la calidad de la enseñanza. Es decir, no sacamos nada con tener salas de clases de lujo, con computadores para cada estudiante, gran cantidad de materiales multimedia, etc. si los profesores no saben de ciencias ni de matemáticas.

Si no tenemos suficientes profesores de calidad, por qué no importar desde Argentina, Perú o Colombia? Así, al introducir competencia en el mercado de la educación, ¿tendrán más o menos incentivos los profesores por mejorar?, ¿quiénes quedarán en el mercado, los buenos o los malos docentes?

El desafío del desarrollo no es un tema simple, menos trivial. No obstante, con la calidad de nuestros docentes, hoy no es posible. Peor aún, con los futuros docentes esta posibilidad es todavía más lejana, pues de acuerdo a lo que nos señala la evidencia, su calidad académica es inferior.

A mi juicio, un país que sueña con ser desarrollado requiere de gente preparada para asumir estos cambios y liderar los procesos formadores que nos llevarán hacia éste. Sin embargo, esta gente preparada y entrenada - capaz de hacer un cambio - al parecer no es la que está ingresando hoy en día a estudiar pedagogía, menos los que están egresando o por egresar. Con urgencia se necesita un cambio pues el desarrollo está en riesgo, no vaya a ser que desaprovechemos una nueva oportunidad, tal vez la última, de alcanzar el desarrollo.

viernes, 23 de noviembre de 2007

El financiamiento puede esperar, la dignidad NO!

Levantarse cada día a trabajar es sin duda un desafío. Tomar el Transantiago es una hazaña.

Hasta hace unos meses debía bajar diariamente desde metro Universidad de Santiago hasta la estación Las Rejas, para “lograr” subir a un vagón. Esto implicaba necesariamente retroceder 3 estaciones - las que luego obviamente debía volver a avanzar - para llegar al metro La Moneda, asumiendo un costo de alrededor 10 minutos que recaían “toditos” en mí. La intuición femenina me enseñó que si esperaba en la salida del Metro USACH podría - claro que un poco apretado- subir y evitarme esos minutos. Notable!!!! Sin embargo, no hay nada gratis! He sustituido esos 10 minutos por un sin fin de apretones, codazos, “fragancias” matinales del más amplio espectro, etc.

Esta lucha diaria es la que sufrimos diariamente los miles de usuarios del Transantiago. Sin embargo, en algunos casos es crítica y no es ni siquiera comparable con la situación recién descrita. Se ha pasado a llevar la dignidad de las personas. Así, muchos han asumido, incorporado e internalizado que levantarse más temprano, hacer eternas filas, soportar el frío y las lluvias de invierno, caminar varias cuadras para “lograr” tomar un bus, hacer una serie de transbordos, andar más tiempo en micro, etc. son parte del día a día. Las molestias ya no son tal, los reclamos no tienen sentido. Peor aún, se ha caído en el típico “es lo que hay”.

El metro, único medio de transporte que operaba relativamente bien, con estaciones y recorridos conocidos, donde la confianza en el sistema era plena, ha sido mal utilizado y se ha deteriorado su calidad. Si antes viajar en metro era sinónimo de seguridad, eficiencia y comodidad, hoy no lo es. Sin embargo, los atochamientos, aglomeraciones, desmayos, fallas inesperadas, son parte de su nueva definición.

Pero, ¿era esperable que la autoridad estableciera al metro como eje central de sus sistema de transporte? Claramente. Ya que si las micros no operaban bien, la eficiencia del metro lo compensaría. Más aún, si el uso de éste fuera a costo cero. Esto último permitiría tapar varias falencias. A mi juicio, creo que por ello se diseñó un sistema pensado en la maximización del espacio al interior de los vagones, se sacaron asientos y se estableció un increíble parámetro de “6 personas por metro cuadrado”. Que atentado contra la dignidad! Claramente esta particular medida fue definida por brillantes ingenieros de prestigiosas universidades nacionales, algunos tal vez con postgrados en reconocidas universidades extranjeras que….. por supuesto no viajan en metro… menos en micro! El resultado: personas que nunca antes habían viajado en metro hoy lo están haciendo, de esta manera el sistema ha más que duplicado el número de pasajeros. Algo similar ha sucedido con las personas que deben hacer transbordos.

En búsqueda de una solución se modificaron los contratos con los operadores. El objetivo era introducir señales que llevaran a mejorar el servicio. Simultáneamente se contrataron más buses y se mejoró la infraestructura vial. Estas modificaciones sumadas al déficit inicial le costaron al Estado US$ 290 millones durante 2007. Esta semana le fue rechazado nuevamente US$ 145 millones para financiar el déficit del año 2008 imputable al presupuesto fiscal del próximo año.

Sin duda el financiamiento puede seguir esperando, mientras no exista un diseño claro y efectivo de qué es lo que se va hacer y no se tenga un manejo en línea de la flota. La dignidad por ningún motivo!

Estimo que es tiempo más que razonable para que la autoridad NO siga subsidiando el Transantiago, pues se genera un alto costo social que recae en los miles de “Moyas” usuarios del metro. ¿No sería mejor que la autoridad sincerara las tarifas?, ¿no debería cobrarse por el transbordo?, ¿Cuántas entradas adicionales para ver al Colo-Colo se han vendido?, ¿cuántas cervezas?, ¿quién cree usted que ha pagado?

Un principio básico de la ciencia económica es que los agentes responden a los incentivos. De esta forma, si se desea que los operadores de los buses saquen todos los buses a la calle, no basta con el sistema de control de la flota – el cual aún no funciona – sino que se debe inducir a que lleve más pasajeros. Al igual que en el sistema antiguo donde el incentivo estaba en cortar boletos, aquí debe estar en la cantidad de BIP! pasados. Además, creo que sería sensato que los operadores se hicieran cargo de una parte de la evasión. Si no les afecta sus ingresos no tienen ningún incentivo en combatirla.

Si se desea descongestionar el metro, se debe cobrar por el transbordo. Actualmente el precio relativo de viajar en metro vs. viajar en micro ha caído considerablemente. ¿Acaso el costo de transbordo no es $0? De la misma forma que cuando cae el precio de las manzanas la gente desea comprar más manzanas, al caer el precio de viajar en metro, la gente ha decidido viajar más en metro!!!! Entonces, si se introduce un cobro por el transbordo mucha gente que hoy prefiere bajarse de la micro y cambiarse a la primera estación de metro que encuentra ya no le dará lo mismo, pues tendrá que asumir parte de la congestión y atochamiento de las estaciones pagando de su bolsillo una fracción de éste.

Sólo introduciendo las señales correctas al mercado podremos disfrutar de un sistema de transporte moderno y eficiente. Estas medidas deben incluir entre otras un aumento de la tarifa por transbordo al metro, hacer parte de los operadores de la evasión, exigir a los privados la implementación rápida de un sistema de control y gestión de flota. Así y sólo así se evitará que los miles de “Moyas” que viajamos en el metro sigamos subsidiando cervezas y entradas para el Colo-Colo a algunos usuarios que no desean por ningún motivo que cambien las condiciones.

martes, 6 de noviembre de 2007

There's no such thing as a free lunch: y el 2.8% de IMACEC de septiembre!

Existiendo alternativas disponibles no hay nada gratis. Todos valoramos el ocio, de hecho, el sentido de trabajar es para poder disfrutar el dinero producto de ese esfuerzo precisamente en ocio. Es más, si alguien no tuviera la necesidad de trabajar… NO trabajaría. ¿Para qué desgastarse…? Pero, dado que el dinero no crece ni en los árboles ni tampoco se consigue por generación espontánea, no queda más que sacrificar algunas horas de ocio para destinarlas al trabajo.

En fin, los 5 días de ocio de Fiestas Patrias permitieron que de ese mes sólo 17 días se destinaran a producir. Pero si además consideramos el día viernes 14 de septiembre, día en que todas las oficinas de Chile festejan el Aniversario Patrio (que cursi) con una empanada y una copa de vino (al menos). Otros más “chilenos” no transan el asado. Estas empanadas, vino y carne obviamente hay que comprarlas… en horario de trabajo. Podemos decir que en realidad se trabajaron sólo 16 días y no 17. En fin, se destinó al ocio 4/5 de los días hábiles de una semana cualquiera, lo que nos da que sólo se trabajaron 3 semanas durante septiembre!!!!

Así, un bajo IMACEC comparado con el mismo mes del año pasado resulta evidente, pues decidimos destinar más tiempo al ocio y menos al trabajo. El resultado está a la vista: menos producto, lo que se traduce en menos crecimiento y menos puestos de trabajo.

Entonces, si queremos tomarnos en serio el ser un país desarrollado y gozar de un mayor bienestar y así de más felicidad, el camino va justamente en la dirección opuesta: Menos días de ocio (feriados) y más trabajo. Pero, si queremos seguir siendo el segundo país del mundo con más feriados –después de Colombia- tendremos que olvidarnos de ser una “economía milagrosa” como los tigres asiáticos. Simplemente: There’s no such thing as a free lunch!

lunes, 5 de noviembre de 2007

Píldora del día después y asuntos de mercado

Suponer que la píldora del día después se debe vender en las farmacias por decreto es como obligar a los feriantes a vender lechugas por ley. Los que intentan hacer eso es porque no conocen cómo opera el mercado, cuáles son sus bondades, sus ventajas y beneficios. Tampoco saben que si se le ignora puede ser muy cruel y no perdonar al intrépido que lo desafía.

Siguiendo a Friedman, la magia del mercado radica en la libertad de elegir. Por un lado los oferentes deciden LIBREMENTE qué, cuánto y cómo producir. Mientras que los demandantes, por su parte, deciden LIBREMENTE cuánto comprar. Además ellos han decidido previamente cuál es su mayor disposición a pagar por un determinado bien o servicio. Pues todos los que están dispuestos a pagar lo que exige el productor lo puede disfrutar. Así de simple. Por ejemplo, si un kilo de tomates vale $5.000 y las lechugas $100, ¿quiénes podrán comer tomates? La primera respuesta que se puede ocurrir es decir “aquellos que tienen más ingreso” o “los más ricos”, pero no, la respuesta es más simple. Comerán tomates sólo aquellos que estén dispuestos a pagar los $5.000 que cuestan los 6 ó 7 tomates que conforman el kilo. Sólo ellos y nadie más que ellos podrá disfrutar de los tomates. El que no, simplemente comerá lechugas, zanahorias, repollo, apio o lo que le plazca y que está dispuesto a pagar. Está es precisamente la magia del mercado. Pero aún más, pensemos por un momento en la cantidad de alfileres con cabeza amarilla, los cordones de color fucsia de las zapatillas ochenteras, los libros de matemáticas, el café de la mañana, el pan marraqueta (o batido para mis amigos de Viña), etc, etc. Nadie y absolutamente nadie ha decretado la cantidad de alfileres, cordones, libros, pan, etc. que se debe producir y vender. El mercado por la libre interacción de oferentes y demandantes ha actuado "MÁGICAMENTE" haciendo que todos los que deseen estos bienes y, más importante aún, QUE ESTÉN DISPUESTOS A PAGAR POR ELLOS los puedan disfrutar. NO por ley ni decreto supremo!!!

De esta forma, obligar a las farmacias a vender un producto que no tiene una salida (nivel de ventas)que justifique su mantención en stock es atentar contra estas leyes básicas. Si es muy importante para la autoridad que las "day after pill" estén disponibles para todos, en especial para que los más vulnerables puedan acceder a ellas, entonces que la autoridad se haga cargo de distribuirlas gratuitamente en los consultorios y postas del país, manteniendo además un stock permanente en estos centros, así se cumplirá con el rol “social” que esta medida - a mi juicio autoritaria - supone.