Una de las virtudes del mercado es que permite revelar las verdaderas preferencias de los consumidores y de los productores. Así, es posible conciliar el máximo precio que está dispuesto a pagar el consumidor con el mínimo precio que exige el productor por producirlo. Luego, los que desean y están dispuesto a pagar lo que exige el productor, pueden disfrutar – y bien merecido -, del bien o servicio que ha comprado. Si no está dispuesto a pagar lo que pide el oferente, comprará uno alternativo o esperará a que el bien o servicio baje de precio. Lo más interesante de todo es que cuando el mercado funciona no hay detrás ninguna ley ni menos algún decreto que lo facilite, es tan solo la “magia” del mercado.
Sin embargo, la autoridad puede hacer que esto no sea así y que los precios no reflejen los verdaderos deseos de los consumidores y de los productores. O sea, el gobierno puede inducir a que los precios mientan. Un ejemplo claro de ello es lo que ha estado haciendo la autoridad con el Transantiago. En efecto, ha mantenido una tarifa mentirosa de $380 con el resultado conocido: aglomeraciones múltiples.
Esta semana - lamentablemente -, se está tratando de incorporar una nueva distorsión al mercado y permitir que sigan mintiendo (en vez de sincerarlos definitivamente). Con ello, lo único que se logrará es alterar nuevamente el mercado. Peor aún, se está tratando de endosar la responsabilidad de un proyecto mal diseñado y peor implementado a “aquellos que no voten por la aprobación del subsidio permanente”, pues “ellos serán los responsables de que el pasaje de locomoción colectiva no baje”. Como si los precios se bajaran por decreto!!! Olvidándose de todas las pérdidas sociales que esto involucra y pensando de que los recursos son infinitos!!!
Nadie discute que el servicio de transporte es necesario, pero creo también, que si lo que se desea es “beneficiar a los más pobres”, el camino va por mejorar infraestructura (calles, paraderos, centros de pago, etc.), expandir las líneas del Metro y, por último, focalizar el gasto a través de bonos compensatorios a los más pobres, pero por ningún motivo seguir subsidiando un sistema que es ineficiente y, que de aprobar el subsidio, exportará estas ineficiencias a las regiones. Luego, no sería raro ver aglomeraciones en Rancagua, Talca o Chuchunco.
martes, 12 de agosto de 2008
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