Nadie discute que gran parte de la inflación actual es importada, el aumento en el precio de los combustibles, energía, alimentos, granos y, en general de todos los insumos, tienen un impacto directo en ella. De modo que si el IPC se ajustara por estos componentes debería ser bastante menor a 9.5% (acumulado a 12 meses). Haciendo este ejercicio, lamentablemente nos encontramos con que el IPCX (IPC Subyacente) es bastante alto: 8.5% acumulado anual, es decir, cuando se elimina el efecto de los combustibles y alimentos en el IPC, este sigue siendo alto (Figura N°1). Otra forma de entender esto es que el efecto neto de los componentes externos es apenas de 1%. Claramente aquí hay algo que está fallando: o la inflación no es totalmente importada o existen presiones internas.
Creo que la respuesta a esta interrogante pasa por identificar correctamente la fuente de estas presiones y, aquí el rol que juega el gasto fiscal es clave.
De la macroeconomía básica sabemos que las fuentes de presión por el lado de la demanda agregada son el consumo, la inversión, el gasto público y las exportaciones netas. Entre 2007 y 2008, el consumo privado, la FBKF y las exportaciones netas han bajado, mientras que el gasto público no sólo se ha mantenido alto, sino que además ha mostrado una expansión, pasando de un crecimiento de 14.2% a 14.8% (Tabla N°1).
Este año es año electoral, y los datos nos señalan que en la última década nuestra economía ha sufrido del síndrome “económico-político” de aumentar el gasto fiscal en años electorales. En efecto, en 1999 el gasto público se expandió en un 17%, pasó de una variación de 10.9% a 12.8% (1.9 puntos), mientras que en 2005, pasó de una variación de 11.8% a 13.2% (1.4 puntos). Por lo tanto, la experiencia nos señala que este año las fichas van por un aumento del gasto y, la autoridad no lo ha hecho “tan mal”, pues este año ya ha expandido su gasto respecto al año anterior (14.8% vs. 14.2%).
De modo que si lo que está pensando la autoridad es realizar un aporte al bienestar de todos los chilenos, lo mejor que puede hacer es ayudar a combatir la inflación. Para ello, acotar la expansión del gasto fiscal en torno al 6-8% respecto al año anterior es clave. De pasó contribuirá a anclar las expectativas de los agentes, sobre todo en momentos como el actual en que la inflación roza los dos dígitos y las estimaciones de crecimiento, según el Ipom de Mayo, son del 4.0 a 5.0%.


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