Sin embargo, en nuestro país fue mal entendida desde sus inicios, por tanto mal implementada y los resultados nefastos de esas acciones se están viviendo hoy en día.
A partir de la década de los noventa las empresas del sector comenzaron a liberar un gran número de trabajadores, pasando de un número cercano a los 80 mil trabajadores a una cifra levemente superior a los 50 mil. Este cambio en la estructura del empleo del sector minero se explica en parte por los planes de egreso liderados por Codelco para reducir significativamente su planta de trabajadores propios y por el aumento de la modalidad de contratación de terceros. Esto último se confirma al observar la evolución seguida por el empleo en el sector servicios, el que si bien ha crecido desde los años ochenta, se aceleró a mediados de los noventa, compensando la pérdida de puestos de trabajo directo, pero aún más, sustituyendo gran parte de éstos. En efecto, mientras en 1996 el número de trabajadores propios rondaba los 60 mil puestos de trabajo, en 2006 se encontraba levemente sobre los 55 mil, mientras que los empleos indirectos (prestación de servicios) pasaron de representar menos de 40 mil puestos de trabajo a más de 80 mil en el mismo periodo. Así, mientras los empleos directos prácticamente se han mantenido invariables, los empleos indirectos subcontratados) duplicaron su importancia.
Codelco tampoco estuvo exento de esta dinámica. Así lo refleja la Figura N°1, pues ya en 2003 el número de trabajadores contratistas que prestaban servicios a la minería prácticamente duplicaba la cantidad de trabajadores propios. Aún más, entre 2003 y 2005, en vez de revertir la situación ésta se agudizó más, pues mientras el número de trabajadores propios se mantuvo prácticamente invariable en torno a los 15 mil, los empleos de terceros pasaron de 22,546 a 29,077 trabajadores. Es decir, la relación 2:1 en vez de diluirse se consolidó.

En este ambiente es fácil comprender por qué cuando los trabajadores subcontratistas deciden boicotear la producción lo consiguen. La intuición es directa: son el doble. Además ya no están dispersos, sino que agrupados y organizados. Si sumamos a ello el hecho que Codelco ha externalizado una serie de labores altamente sensibles y estratégicas tales como las comunicaciones, ingeniería, varias labores productivas, de investigación y desarrollo, etc. Han externalizado, de paso, un importante activo de la empresa: el compromiso.
La solución es urgente y algunas propuestas ya se discuten, la que más toma fuerza es la de modificar las bases de la licitación. Si bien, es una solución, no pasa de ser temporal, pues no corrige el problema de fondo. Una solución más permanente exige involucrarse con los trabajadores externos, definir políticas de incorporación a la estatal, planes de largo plazo y una serie de otros aspectos que son claves a la hora de avanzar para una solución definitiva.
En fin, las propuestas que se discuten actualmente, son una clara muestra de la gran confusión existente en Codelco y nos enseña cómo se pueden hacer mal las cosas y aún más, irlas empeorando en el camino.


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