En estos días la noticia de colusión entre las 3 principales cadenas de farmacia nacionales, nos ha indignado profundamente, pues ha atacado directamente el bolsillo de muchos chilenos. ¿Por qué lo hicieron? Simple, porque la elasticidad-precio de los medicamentos es muy inferior a uno (inelástica), de modo que los consumidores casi no reaccionan a variaciones de precio en éstos. La intuición es directa: si no compro este medicamento que me lo recetó el doctor, qué compro?
Pero lo que más ha llamado la atención de este caso de colusión, es que Farmacias Ahumada (FASA) haya reconocido el acuerdo concertado entre ciertos laboratorios y las cadenas de farmacia. Para entender su comportamiento, la teoría de juegos nos puede dar una mano. En efecto, desde que las tres cadenas (FASA, Cruz Verde y Salcobrand) tenían el acuerdo de colusión y fueron acusadas de ello, la mejor respuesta de cualquiera de ésta era desviar unilateralmente el acuerdo, ya que obtendría una pena menor (FASA recibió una multa de US$ 1 millón, mientras que CV y SB enfrentan multas de hasta US$15 millones) y por otro lado recibiría un “premio” por parte de la ciudadanía, pues reconocería esto como un error. De esta forma, el equilibrio de Nash de este juego era confesar!
Por otro lado, dado que FASA ha hecho público el “error” y ha señalado la mayor intención de compensar a los consumidores, éstos la perdonan. El perdón, se entiende como la conducta de que los consumidores seguirán comprando sus productos y de paso castigarán a las otras cadenas privilegiando a FASA en vez de CV o SB.
¿Qué se viene? Una posible baja de precios (importante y significativa) en que SB y CV intentarán captar a los clientes que se han sentido engañados y defraudados por su conducta, privilegiando el bolsillo de los miles de Moyas que pagaron alguna vez excesivos precios por los medicamentos, además se deja un precedente y con esto se desincentivan las posibilidades de acuerdos colusivos en otras industrias.
jueves, 26 de marzo de 2009
miércoles, 25 de marzo de 2009
¿Es válida la propuesta de bajar el IVA a 18%?
Hace algunos días un grupo de parlamentarios ha propuesto la rebaja del IVA en 1 punto porcentual como una forma de enfrentar la crisis económica a la que nos estamos viendo enfrentados. El objetivo es fomentar -en parte-, el consumo y dinamizar la alicaída demanda interna, contribuyendo a paliar la caída del producto. Si bien, la medida es interesante desde el punto de vista populista, mirada con mayor detención y con un ojo económico, se deduce inmediatamente que no es la mejor alternativa.
Veamos, por una parte, si ésta es transitoria, no toda la rebaja se destinará a mayor consumo, así al menos lo indica la evidencia, pues una buena parte (50% al menos) se destinará al ahorro, no estimulando el consumo que es precisamente lo que se busca.
Ahora bien, si la rebaja es permanente, le metería mayor presión al déficit fiscal, ya que se afectarán ingresos permanentes induciendo, efectivamente, un mayor gasto privado (se sustituye gasto público).

Pero el mayor problema que provoca una disminución del IVA es que es absolutamente inequitativo, pues iría en beneficio directo de los más ricos. En efecto, los datos indican que el quintil más rico destina más del 40% a gasto en consumo, mientras que el quintil más pobre apenas el 8.9% (Ver Tabla N°1). Por lo tanto, si lo que se desea es fomentar el consumo y relajar el bolsillo de los contribuyentes, medidas como el bono de 40 mil directo a los más pobres apuntan en la dirección correcta y tienden efectivamente a mejorar la equidad.
Cualquier otra propuesta carece de sentido económico y social.
Veamos, por una parte, si ésta es transitoria, no toda la rebaja se destinará a mayor consumo, así al menos lo indica la evidencia, pues una buena parte (50% al menos) se destinará al ahorro, no estimulando el consumo que es precisamente lo que se busca.
Ahora bien, si la rebaja es permanente, le metería mayor presión al déficit fiscal, ya que se afectarán ingresos permanentes induciendo, efectivamente, un mayor gasto privado (se sustituye gasto público).

Pero el mayor problema que provoca una disminución del IVA es que es absolutamente inequitativo, pues iría en beneficio directo de los más ricos. En efecto, los datos indican que el quintil más rico destina más del 40% a gasto en consumo, mientras que el quintil más pobre apenas el 8.9% (Ver Tabla N°1). Por lo tanto, si lo que se desea es fomentar el consumo y relajar el bolsillo de los contribuyentes, medidas como el bono de 40 mil directo a los más pobres apuntan en la dirección correcta y tienden efectivamente a mejorar la equidad.
Cualquier otra propuesta carece de sentido económico y social.
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