Que la mano invisible de Adam Smith, bajo condiciones ideales, es capaz de dar una respuesta óptima a los problemas del mercado y así alcanzar una asignación eficiente de los recursos es sólo en teoría. Llevado a la práctica esas “condiciones ideales” no existen. En efecto, la competencia no es completamente libre, la información si bien está disponible para todos los agentes, no todos pueden hacer el mismo uso de ella, de modo que en general no todos están perfectamente informados. Por último, la producción y el consumo privados tienden a generar externalidades, tanto positivas como negativas que, en general no vemos. Aún más, muchas transacciones no se desarrollan entre firmas, sino que entre individuos y entre otros tipos de instituciones. Entonces, ¿cómo es que estas transacciones se desarrollan? ¿Cuál es el mecanismo óptimo que permite alcanzar la máxima utilidad privada o ganancia social? ¿Es la autoridad la encargada de regular estas transacciones y metas? Y si es así ¿cómo lo hace?
Estas preguntas, son bastante intuitivas, pero no son simples ni menos triviales de responder. De hecho, ¿cómo es posible que individuos y firmas se pongan de acuerdo cuando cada uno tiene sus propios intereses?
Fue Leonid Hurwicz quien introdujo el concepto de “compatibilidad de incentivos” que -en palabras simples - señala que si en un juego todos los participantes de éste revelan de forma honesta sus verdaderas preferencias (su información privada) todos los participantes del juego salen beneficiados. Eric Maskin y Roger Myerson, continuaron con las investigaciones, expandieron la discusión y dieron forma a una teoría: la "Teoría del diseño de mecanismos". Así, Maskin aportó un elemento fundamental para la conformación de la base teórica, la "Teoría de la Implementación", la que - en esencia - permite diseñar un mecanismo donde todos los resultados posibles son óptimos. Por su parte, las investigaciones de Myerson, se extendieron a la "Teoría y Análisis de Conflictos". Su aporte fue la introducción de probabilidades a los modelos económicos.
Esta teoría nos ha permitido a los economistas la valiosa posibilidad de distinguir situaciones en las que los mercados funcionan de aquellos en que no. Así, hemos podido identificar mecanismos comerciales, esquemas regulatorios y procedimientos electorales eficientes.
Los aportes de estos tres economistas han sido utilizados tanto en economía como en ciencias políticas.
jueves, 18 de octubre de 2007
jueves, 11 de octubre de 2007
La necesidad de innovar
En 1870 el pib per cápita de Chile duplicaba al de Corea, la situación respecto a países como Japón, Taiwan, Hong Kong y Singapur era bastante similar, los ingresos por habitante de los “tigres asiáticos”, en algunos casos, apenas superaba el 50% al de Chile. Finlandia, por su parte, tenía un ingreso que alcanzaba al 88% del ingreso per cápita de nuestro país, mientras que Suecia nos superaba por alrededor de 400 dólares. En 1910, el año de nuestro primer centenario, la situación era claramente mejor y nos ponía en una situación expectante respecto a los países líderes de esos años. Menos de 1.000 dólares nos separaban de Alemania, habíamos alcanzado a Suecia y superábamos a Noruega, Francia e Italia. Asimismo, el ingreso por habitante de españoles y portugueses era 63% y 41% del ingreso de un chileno.
En 2003, todos estos países son del mundo desarrollado, nos superan con creces y en algunos casos han más que duplicado nuestro ingreso por habitante. Aún más, varios de estos países comenzaron de una situación bastante similar a la chilena. La pregunta que cabe hacerse aquí es qué pasó en ellos y no pasó en Chile.
La clave está en la innovación. En efecto, la innovación es un elemento fundamental para el crecimiento y desarrollo de una economía. En este sentido, existe consenso en que es un eje fundamental para que países en desarrollo - como es el caso de Chile - puedan fomentar el crecimiento vía incremento del excedente económico de sus recursos naturales y mejor aprovechamiento (vía mayor eficiencia) de sus ventajas comparativas. También, es claro que la innovación no es automática ni menos espontánea, por el contrario, es el resultado de un largo proceso de desarrollo y de fuerte inversión en tecnología, donde el rol de la autoridad es clave en cuanto a la generación de incentivos y señales correctas para que surjan empresas que lideraron estos procesos de transformación al interior de las economías.
Asimismo, para que nuestro país se constituya en una sociedad innovadora es clave el desarrollo de algunas áreas, principalmente en investigación y desarrollo. Si embargo, hay que tener presente que el aumento de la inversión en investigación y desarrollo per se no es la llave del éxito, también es necesario una fuerte inyección de recursos tendientes a la formación de capital humano de modo de conformar una mano de obra local que esté a la altura de estos desafíos, pues no existe duda que si estos recursos – por definición escasos – son mal focalizados dejaremos pasar una muy valiosa oportunidad de haber alcanzado el tan ansiado umbral del desarrollo y haber duplicado en los próximos quince años nuestro ingreso per cápita.
En 2003, todos estos países son del mundo desarrollado, nos superan con creces y en algunos casos han más que duplicado nuestro ingreso por habitante. Aún más, varios de estos países comenzaron de una situación bastante similar a la chilena. La pregunta que cabe hacerse aquí es qué pasó en ellos y no pasó en Chile.
La clave está en la innovación. En efecto, la innovación es un elemento fundamental para el crecimiento y desarrollo de una economía. En este sentido, existe consenso en que es un eje fundamental para que países en desarrollo - como es el caso de Chile - puedan fomentar el crecimiento vía incremento del excedente económico de sus recursos naturales y mejor aprovechamiento (vía mayor eficiencia) de sus ventajas comparativas. También, es claro que la innovación no es automática ni menos espontánea, por el contrario, es el resultado de un largo proceso de desarrollo y de fuerte inversión en tecnología, donde el rol de la autoridad es clave en cuanto a la generación de incentivos y señales correctas para que surjan empresas que lideraron estos procesos de transformación al interior de las economías.
Asimismo, para que nuestro país se constituya en una sociedad innovadora es clave el desarrollo de algunas áreas, principalmente en investigación y desarrollo. Si embargo, hay que tener presente que el aumento de la inversión en investigación y desarrollo per se no es la llave del éxito, también es necesario una fuerte inyección de recursos tendientes a la formación de capital humano de modo de conformar una mano de obra local que esté a la altura de estos desafíos, pues no existe duda que si estos recursos – por definición escasos – son mal focalizados dejaremos pasar una muy valiosa oportunidad de haber alcanzado el tan ansiado umbral del desarrollo y haber duplicado en los próximos quince años nuestro ingreso per cápita.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)

