Durante los últimos veinte años la educación universitaria en Chile ha sufrido numerosos cambios, donde la característica común ha sido la gran heterogeneidad, tanto en carreras como en opciones existentes para obtener un título profesional. Sin embargo, el problema ha sido que este fuerte aumento de la oferta educacional universitaria ha descuidado - en la mayoría de los casos - la calidad de los programas académicos, privilegiando la cantidad (de alumnos matriculados) por sobre la calidad (de los aprendizajes).
En este contexto, la modalidad de enseñanza que ha experimentado el mayor crecimiento en cuanto a oferta se refiere, han sido los programas de continuidad de estudios o programas vespertinos. Estos programas se desarrollan, en la mayoría de los casos, de forma paralela a la jornada diurna. Pero es precisamente en este aspecto donde radica el principal problema, pues en general el nivel de exigencia a los estudiantes de la jornada diurna es mayor que a los mismos estudiantes de la jornada vespertina. De esta forma, se ha tendido a alterar la relación beneficios futuros de la educación vs. costo presente de estudiar. En efecto, estudiar una carrera en una jornada vespertina es “más barato”, en términos de la probabilidad de que me echen por bajo rendimiento, no así en una jornada diurna, donde el costo ha permanecido prácticamente inalterado.
Una explicación para esta disminución en el costo, puede ser analizada desde el punto de una transferencia que han hecho los estudiantes diurnos a los estudiantes vespertinos. Es decir, los estudiantes de la jornada diurna estarían subsidiando a los estudiantes de la jornada vespertina y los costos de esta acción no se estarían distribuyendo de manera homogénea, sino que por el contrario, estarían cayendo en mayor medida en los estudiantes diurnos.
¿Cómo puede ser eso? La evidencia señala que los estudiantes de la jornada vespertina estudian poco, sin embargo se “cuelgan” del prestigio que tiene la universidad para obtener un título profesional altamente valorado en el mercado. Pero, en la medida que el mercado reconoce que se ha atentado contra la calidad, éste castiga a los estudiantes diurnos y no a los vespertinos. Esta es una paradoja que parece estarse dando en el mercado de la educación, la que sin embargo, tiene bastante sentido, pues la gran mayoría de los estudiantes de jornadas vespertinas son trabajadores, donde la obtención del título es una condición necesaria y a veces hasta suficiente para poder ascender en la compañía.
De esta forma, a los egresados de carreras diurnas que están siendo desarrolladas a la par de carreras vespertinas, les estaría costando más tiempo ingresar al mercado laboral y, de hacerlo, lo estarían haciendo a salarios más bajos y cargos menos desafiantes.
lunes, 30 de julio de 2007
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